LA PARTIDA DEL TÍO PEPE EN TIEMPOS DIFÍCILES

Todas las noches el tío Pepe se reunía en el parque teniente Guerrero de la zona centro de Tijuana, con más de veinte jóvenes que ensayaban en la banda de guerra del municipio hace más de cuatro décadas .

Llamaba la atención el sonido de los tambores y cornetas que a lo largo del parque una docena de jóvenes tocaban mediante las “cajas” y los instrumentos de viento o cornetas.

Diariamente repasaban una y otra vez las piezas musicales más representativas para acompañar a la escolta y banderines en los desfiles del mes patrio o ceremonias a los que eran invitados.

Año con año, las bandas de guerra concursaban entre sí, interpretando sus mejores melodías y hasta la fecha lo siguen haciendo las nuevas generaciones.

José Luis Hernández – el tío Pepe- era parte de esa banda de guerra que inspiraba a decenas de personas que se reunían todas las noches en uno de los parques más emblemáticos de Tijuana hace más de cuatro décadas.

A pesar de que se les exigía disciplina a los integrantes de la banda de guerra, siempre bromeaban durante sus recesos para liberar la tensión. Se trataba de una convivencia que como segunda familia sus integrantes tienen.

Siempre observé al tío Pepe, estar en la línea de las “cajas“ como nombran a los tambores y pocas veces en la formación de cornetas que resultaba difícil interpretar pero lo hacía con firmeza.

El uniforme que portaban los hacia verse con gallardía, porte y marcialidad en los desfiles celebrados en la calle segunda de la zona centro de la ciudad.

Eran momentos que perduran en la conciencia de quienes nos dábamos cita para verlos marchar y más aún para los familiares que siempre los acompañan.


“Vamos a ver a tu tío Pepe” decía siempre la abuela y las tías cada 16 de septiembre o 20 de noviembre en los desfiles conmemorativos, sentándonos todos en el cordón de banqueta para esperar que pasara ese hombre corpulento y alto dentro de más de veinticuatro varones que no volteaba hacia nosotros por mas gritos que la familia le hacía. Esa era la disciplina que seguía al desfilar. Su concentración estaba en el tambor y en la evolución de la formación.

Cuando mucho, un gesto muy discreto le hacía a su mamá para expresarle su felicidad de que lo pasara a verlo en el desfile .


Con el tiempo dejé de ver al tío Pepe; creció y formó una familia con sus dos pequeños y una niña. El recuerdo más representativo fueron sus prácticas en la banda de guerra todas las noches bajo el aroma del césped que se regaba en el parque teniente Guerrero. También aparecen algunas imágenes en el recuerdo sobre una camioneta Chevrolet modelo 1954 y un thunderbird de los años sesentas que manejaba.

El tío Pepe trabajó para el municipio creo que, en obras públicas o recolección de basura hace algunos años. Sus amistades fueron afianzadas por el carisma que lo caracterizaba y que pocas veces veías molesto.

Hace un par de semanas, el tío Pepe partió, lo hizo de manera consciente, quizás hasta tranquilamente o por lo menos tuvo oportunidad de hablarlo con sus seres queridos.

Pepe fue el tío conciliador, bromista, optimista, amigo, el que aconsejaba y platicaba contigo. La intervención médica le dio oportunidad de recuperación sin embargo su corazón estaba muy lastimado y quizás cansado.

No era para menos, al principio de este año, José Humberto, su primer hijo, quien le dio sus primeros nietos entre ellos un médico de formación, partió y dejó al tío Pepe triste pero se mantuvo con firmeza y tranquilo. Sin duda, la presencia de sus nietos y el acompañamiento de su esposa lo reconfortaban en un momento tan difícil.

Martin Israel, su segundo hijo, quien siguió muchos de los pasos del tío Pepe y se desempeñó como trabajador en el municipio, también partió meses después de José Humberto.

La partida de sus dos hijos fueron dolorosas para el tío Pepe quien a pesar de ello siempre se mostró fuerte, entero, lleno de fe y con una gran firmeza frente a Martha, su incondicional esposa y todos sus nietos que le dieron ambos hijos.

Pepe embistió por segunda ocasión lo doloroso de otra partida. Sin embargo, era necesario mantener el hogar lleno de alegría ante la presencia de las y los nietos que amó todo el tiempo, quizás lo reconfortaban con su dinamismo pero en el fondo de su corazón, la tristeza y dolor lo atormentaban y sus pensamientos se perturbaban.

El tío Pepe partió dejando un mensaje muy claro, el amor a sus hijos y el amor a su padre que fueron inigualables. La construcción de muchas amistades gracias a su manera de ser y bondad que lo caracterizaban.

Una persona cercana a la familia dijo que el tío Pepe dormido en el hospital, conversaba con uno de sus hijos, quien ya había partido meses atrás, lo soñaba y platicaba con él, le expresaba con voz baja y pausada su preocupación por su esposa.

“Ella no puede irse con nosotros, la necesito aquí con los niños y tu hermana” expresaba en su convalecencia al tiempo que reflejaba paz y tranquilidad en su rostro.

Muchas veces son inexplicables estas anécdotas, los escépticos piensan en los efectos de los medicamentos, mientras otros pensamos que el tío Pepe encontró y sintió el amor de sus hijos quienes solamente ellos pudieron ver el dolor en el alma que vivía el tío Pepe.

Hace un par de semanas el tío Pepe fue recibido en el cielo por sus hijos y por su papá, con ese amor incondicional e inigualable que tiene un padre por sus hijos. Descanse en paz el tío Pepe.

Autor: Sociedad de Ciencias Forenses en Baja California

Organización de la sociedad civil cuyos objetivos son de carácter académico, cultural y científico.

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