Son las adicciones un tema que no debe criminalizarse.

Una colaboración realizada para el portal de Noticias Plural.MX en su columna “Disección Urbana” Las adicciones deben ser atendidas desde la perspectiva de la salud pública y no solo de la seguridad.

 

Por Jesús Alfredo Pérez 

 Se estima que los jóvenes adolescentes detenidos por la comisión de un hecho delictivo en nuestro país han consumido enervantes, estimulantes y/o substancias ilegales por lo menos el 91 por ciento.  

 Entre las faltas administrativas y delitos que más se cometen por jóvenes adolescentes se encuentran las lesiones, el robo a transeúnte, daños en propiedad ajena, robo a casa habitación, robo a negocio, narcomenudeo y violencia intrafamiliar. Algunos estadistas señalan que en cada una de estas figuras delictivas, la mecánica de los hechos se cometió bajo el influjo de alguna droga.

 Toxicólogos afirman de los 400 componentes que forman parte de la flor de la amapola, 70 de ellos son cannabinoides; esto confirma que la posibilidad de adicción es alta desde que el joven adolescente consumió por primera vez alguna tipo de componentes. Aunque los efectos en el cerebro duran aproximadamente 24 horas, el cuerpo almacena las substancias de tres a cuatro semanas, lo que provoca un efecto retardado en su proceso de desintoxicación natural.

 En México el consumo de la marihuana en menores de 18 años puede generar mayores consecuencias en su edad adulta y aumenta más de 10 por ciento la posibilidad de adicción.

 Es por ello que el tema sobre la despenalización de la marihuana que estuvo en discusión en algunos espacios legislativos, aulas académicas y partidos políticos debe surgir a partir de propuestas que construya la propia sociedad a través de foros donde la prioridad sea educar y crear conciencia sobre los efectos secundarios del consumo.

 Cierto es que las hojas secas, flores, tallos y semillas o plantas pueden ser adictivas, pero en los últimos años se ha incrementado la práctica de fumar los compuestos de los extractos de la marihuana, cuyos niveles de THC son altos y provocan una percepción distorsionada de la realidad, cambios de ánimo, depresión, ansiedad, neurosis, falta de coordinación motriz, dificultad al pensar y falta de capacidad para resolver problemas.

 De acuerdo a las estadísticas publicadas en algunos observatorios ciudadanos y clínicas de rehabilitación para combatir las adicciones, más del 30 por ciento de consumidores de marihuana pueden desarrollar un problema alto en su consumo, dependencia y en casos severos, la adicción. Los mismos datos reflejan que las personas adultas que empezaron a consumir marihuana antes de los 18 años de edad son de 4 a 7 veces más probables en desarrollar un problema de consumo y adicción.

 Durante el año 2015 en Baja California se cometieron más de seis mil delitos vinculados con la comercialización de estupefacientes, posesión y posesión con fines de venta. Aunque la marihuana estaba en segundo lugar luego de las metanfetaminas, lo cierto es que hubo más de siete mil personas aseguradas en el Estado por dichas conductas delictivas.

 Ante estos hechos, resulta oportuno considerar que el tema merece ser atendido de manera integral con tolerancia y respeto en las diversas opiniones de los especialistas. Algunos lo señalan como un “problema” de seguridad pública y la realidad es que representa un reflejo de la descomposición social y las graves afectaciones que están teniendo nuestros jóvenes adolescentes en muchos de los casos.

 La agenda pública de los gobiernos de considerar la descriminalización de las personas en situación de adicción y por otra parte sumar esfuerzos por atenderlos desde una perspectiva de salud pública. El consumo de la marihuana ha sido vinculado con problemas de salud mental como la depresión, ansiedad y pensamientos suicidas entre los adolescentes.

 Permitir el consumo de drogas en espacios escolares y laborales genera un gran abismo entre el quehacer diario, la productividad, atención, aprendizaje y razonamiento. Sin duda alguna los delincuentes buscan estar presentes en lugares que son redituables para su venta y distribución de la marihuana, de ahí a que la sociedad denuncia y, el Estado sea contundente en acciones contra quienes transgredan la Ley.

La venta, posesión, traslado y distribución de sustancias psicotrópicas son generadores de violencia social y delincuencia. Aquella sociedad donde desaparece la capacidad de asombro ante hechos violentos derivados del consumo de estupefacientes está condenada al estancamiento y nulo progreso. Sin embargo, habrá que ser muy puntuales en no criminalizar la adicción y sí fortalecer acciones conjuntas que refuercen el mejoramiento de la salud pública.

Twitter: @AlfredoPerezMX

Facebook: AlfredoPerezMX

 

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